jueves, 26 de septiembre de 2019

DESARROLLO DEL CANON DE LAS Sagradas ESCRITURAS

Desarrollo del Canon de las Sagradas Escrituras

Por Corazones.org

Durante el transcurso de los siglos se desarrollaron varios cánones o listas de libros sagrados.  Veamos las razones.

Por el año 605 a.C., el Pueblo de Israel sufrió una dispersión o, como se le conoce Bíblicamente, una "diáspora". El rey Nabuconodosor conquistó a Jerusalén y llevó a los israelitas cautivos a Babilonia, comenzando la "Cautividad de Babilónica" (cf. 2 Reyes 24,12 y 2 Reyes 25,1).  

Pero no todos los israelitas fueron llevado cautivos, un "resto" quedó en Israel: 2 Reyes 25,12; 2 Reyes 25,22; Jeremías 40,11; Ezequiel 33,27.  También un número de Israelitas no fueron cautivos a Babilonia sino que fueron a Egipto: 2 Reyes 25,26; Jeremías 42,14; Jeremías 43,7.

El rey Ciro de Persia conquistó a Babilonia (2 Crónicas 36,20; 2 Crónicas 36,23) y dio la libertad a los israelitas de regresar a Israel, terminando así su esclavitud. Algunos regresaron a Palestina (Esdras 1,5; 7,28 y Nehemías2,11) pero otros se fueron en vez a Egipto, estableciéndose, en su mayoría, en la ciudad de Alejandría (fundada por Alejandro Magno en el 322 a.C, contaba con la biblioteca mas importante del mundo en esa época). En esta gran ciudad convivían griegos, judíos y egipcios. Así que los judíos estaban disgregados aun después del fin del cautiverio, unos en Palestina y otros en la diáspora, sobre todo en Alejandría. En el tiempo de Jesús habían masjudíos en Alejandría que en la misma Palestina (1 Macabeos 1,1)

Mientras la primera semejanza de un canon hebreo se empieza a formar, la lengua hebrea comienza a morir y desapareció completamente para el año 135 a.C.  Por esta razón Jesús y sus contemporáneos en Palestina hablabanarameo, un dialecto del hebreo. 

La Traducción de los Setenta (Septuagésima)

Como en la mayor parte del mundo civilizado, la lengua principal de Alejandría en el siglo III a.C. era el griego. Había por eso gran necesidad de una traducción griega de las Sagradas Escrituras. La historia relata que Demetrio de Faleron, el bibliotecario de Plotomeo II (285-246 a.C.), quería unas copias de la Ley Judía para la Biblioteca de Alejandría. La traducción se realizó a inicios del siglo tercero a.C. y se llamó la Traducción de los Setenta (por el número de traductores que trabajaron en la obra). Comenzando con el Torá, tradujeron todas las Sagradas Escrituras, es decir todo lo que es hoy conocido por los cristianos como el Antiguo Testamento. Introdujeron también una nueva organización e incluyeron Libros Sagrados que, por ser mas recientes, no estaban en los antiguos cánones pero eran generalmente reconocidos como sagrados por los judíos. Se trata de siete libros, escritos en griego, que son llamados hoy deuterocanónicos. Vemos entonces que no hay un "silencio bíblico" (una ausencia de Revelación) en los siglos precedentes al nacimiento de Jesús. La mayoría de los judíos de aquel tiempo sabían que Dios continuaba revelándose. Aquella era la última etapa de revelación antes de la venida del Mesías.  

La Traducción de los Setenta contiene los textos originales de algunos de los deuterocanónicos (Sabiduría y 2 Macabeos) y la base canónica de otros, ya sea en parte (Ester, Daniel y Sirac) o completamente (Tobit, Judit, Baruc y 1 Macabeos). 

La Traducción de de los Setenta es la que se usaba en tiempo de Jesucristo y los Apóstoles

La versión alejandrina, con los siete libros deuterocanónicos, se propagó mucho y era la generalmente usada por los judíos en la era Apostólica. Por esta razón no es sorprendente que esta fuera la traducción utilizada por Cristo y los escritores del Nuevo Testamento. 300 de las 350 referencias al Antiguo Testamento que se hacen en el Nuevo Testamento son tomadas de la versión alejandrina. Por es no hay duda de que la Iglesia apostólica del primer siglo aceptó los libros deuterocanónicos como parte de su canon (libros reconocidos como Palabra de Dios). Por ejemplo, Orígenes, Padre de la Iglesia (+254), afirmó que los cristianos usaban estos libros aunque algunos líderes judíos no los aceptaban oficialmente. 

Al final del primer siglo de la era cristiana, una escuela judía, quizás de rabinos, hicieron un canon hebreo en la ciudad de Jamnia, en Palestina. Cerraron el canon con los profetas Esdras (458 a.C.), Nehemías (445 a.C.), yMalaquías (433 a.C.). Este canon comprendía de 22 a 24 libros. No rechazaron los libros deuterocanónicos definitivamente, pero no los incluyeron entre los canónicos. El canon reconocido por los judíos no se fijó hasta mas de cien años después. Aun entonces, los libros "deuterocanónicos" siguieron siendo leídos y respetados por los judíos. Mientras tanto los cristianos siguieron reconociendo la versión alejandrina. Es así que surgieron los dos cánones del Antíguo Testamento. 

Los dos cánones del Antiguo Testamento:

·         El canon de Alejandría (la traducción de los Setenta al griego, hecha antes de Cristo y aceptada por todos los cristianos y muchos judíos, que contiene los libros deuterocanónicos)

·         El canon de Palestina (Jamnia, traducción hebrea hecha después de Cristo).

Los historiadores ponen como fecha en que se fijaron los cánones de las traducciones de Alejandría y de Palestina para el siglo segundo de nuestra era. El Obispo Melito de Sardis registró la primera lista conocida del canon alejandrino en el año 170 A.D. Contenía 45/46 libros (el libro de Lamentaciones se consideraba como parte de Jeremías). El canon Palestino contenía solo 39 libros pues no tenía los libros 7 libros Deuterocanónicos.

La Vulgata de San Jerónimo

La primera traducción de la Biblia al latín fue hecha por San Jerónimo y se llamó la "Vulgata" (año 383 AD). El latín era entonces el idioma común en el mundo Mediterráneo. San Jerónimo en un principio tradujo del texto hebreo del canon de Palestina. Su estilo era mas elegante y en algunas frases distinto a la Traducción de los Setenta. Además le faltaban los libros deuterocanónicos por no estar en el texto hebreo. Esto produjo una polémica entre los cristianos. En defensa de su traducción, San Jerónimo escribió una carta: "Ad Pachmmachium de optimo genere interpretandi", la cual es el primer tratado acerca de la traductología. Por eso se le considera el padre de esta disciplina. Ahí explica, entre otras cosas el motivo por el cual considera inexacta a la septuagésima. Finalmente se aceptó su versión, pero con la inclusión de los libros deuterocanónicos. Por eso la Vulgata tiene todos los 46 libros.

La Iglesia establece el canon

La controversia sobre que libros son canónicos fue larga, extendiéndose hasta el siglo IV y aun mas tarde. Las polémicas con los herejes, particularmente los seguidores de Marción, que rechazaban libros generalmente reconocidos por los Padres, hizo que la Iglesia definiera con autoridad la lista de los libros sagrados (el canon). 

Los concilios de la Iglesia, el Concilio de Hipo, en el año 393 A.D. y el Concilio de Cartago, en el año 397 y 419 A.D., ambos en el norte de África, confirmaron el canon Alejandrino (con 46 libros para el Antiguo Testamento) y también fijaron el canon del Nuevo Testamento con 27 libros. La carta del Papa S. Inocencio I en el 405, también oficialmente lista estos libros. Finalmente, el concilio de Florencia (1442) definitivamente estableció la lista oficial de 46 libros del A.T. y los 27 del N.T.

El canon del Nuevo Testamento se definió en el siglo IV tras un largo y difícil proceso de discernimiento. El mismo nombre de "Nuevo Testamento" no se usó hasta el siglo II. Uno de los criterios para aceptar o no los libros fue que tuviese como autor a un apóstol; su uso, especialmente en la liturgia en las Iglesias Apostólicas y la conformidad con la fe de la Iglesia. Fue bajo estos criterios que algunos evangelios atribuidos a los Apóstoles (ej. Ev de Tomás, Ev. de Pedro) fueron rechazados.  El evangelio de San Juan y el Apocalipsis se consideraron por largo tiempo como dudosos por el atractivo que tenían con grupos sectarios y milenaristas. 

Todos los católicos aceptaron el canon de la Biblia fijado por los concilios mencionados y, como este canon no fue causa de seria controversia hasta el siglo XVI, no se necesitó definir el canon de la Biblia como una verdad infalible.  

A la Biblia Protestante le faltan libros

En el 1534, Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán y agrupó los siete libros deuterocanónicos bajo el título de "apócrifos", señalando: "estos son libros que no se tienen por iguales a las Sagradas Escrituras y sin embargo son útiles y buenos para leer."  Es así como los protestantes llegaron a considera a los deuterocanónicos como libros no aceptados en el canon, o sea como libros apócrifos.

La historia demuestra que no es verdad lo que dijo Lutero. Siempre los cristianos habían reconocido esos libros como parte de la Biblia. Los concilios del siglo IV y posteriores habían confirmado la creencia cristiana. La opinión de Lutero era mas bien la de los judíos que seguían la traducción de Jamnia. Lamentablemente Lutero propagó sus errores junto con su rebelión. Es por eso que sus seguidores, los protestantes, carecen de los librosdeuterocanónicos de la Biblia:

Tobías


Judit


Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas)


Daniel  (protocanónico con partes deuterocanónicas)


I Macabeos


II Macabeos


Sabiduría


Eclesiástico (también llamado "Sirac")


Baruc


Lutero no solo eliminó libros del Antiguo Testamento sino que hizo cambios en el Nuevo Testamento.

"Él [Martín Lutero] había declarado que la persona no se justifica por la fe obrando en el amor, sino sólo por la fe. Llegó incluso a añadir la palabra "solamente" después de la palabra "justificado" en su traducción alemana de Romanos 3, 28, y llamó a la Carta de Santiago "epístola falsificada" porque Santiago dice explícitamente: "Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe".  -Scott y Kimberly HAHN, "Roma dulce hogar", ed.Rialp, Madrid, 2000, página 57.  (Scott Hahn fue ministro protestante, presbiteriano antes de su conversión)

Se tomó la libertad de separar los libros del Nuevo Testamento de la siguiente manera:

Libros sobre la obra de Dios para la salvación: Juan, Romanos, Gálatas, Efesios, I Pedro y I Juan


Otros libros canónicos: Mateo, Marcos, Lucas, Hechos, el resto de las cartas de Pablo, II Pedro y II de Juan


Los libros no canónicos: Hebreos, Santiago, Judas, Apocalipsis y libros del Antiguo Testamento.


Gracias a Dios, los protestantes tienen los mismos libros que los católicos en el Nuevo Testamento porque no aceptaron los cambios de Lutero para esta parte del canon.

Los protestantes y evangélicos se encuentran en una posición contradictoria: Reconocen el canon establecido por los concilios del siglo IV para el Nuevo Testamento (los 27 libros que ellos tienen) pero no reconocen esa misma autoridad para el canon del AT.  

Es interesante notar que la Biblia Gutenberg, la primera Biblia impresa, es la Biblia latina (Vulgata), por lo tanto, contenía los 46 libros del canon alejandrino.

Posición de la Iglesia Anglicana

Según los 39 Artículos de Religión (1563) de la Iglesia de Inglaterra, los libros deuterocanónicos pueden ser leídos para "ejemplo de vida e instrucción de costumbres", pero no deben ser usados para "establecer ninguna doctrina" (Artículo VI). Consecuentemente, la Biblia, versión King James (1611) imprimió estos libros entre el N.T. y el A.T.  Pero Juan Lightfoot (1643) criticó este orden alegando que los "malditos apócrifos" pudiesen ser así vistos como un puente entre el A.T. y el N.T. La Confesión de Westminster (1647) decidió que estos libros,  "al no ser de inspiración divina, no son parte del canon de las Escrituras y, por lo tanto, no son de ninguna autoridad de la Iglesia de Dios ni deben ser en ninguna forma aprobados o utilizados mas que otros escritos humanos."

Clarificación Católica del Canon

La Iglesia Católica, fiel a la encomienda del Señor de enseñar la verdad y refutar los errores, definió solemnemente, en el Concilio de Trento, en el año 1563, el canon del Antiguo Testamento con 46 libros siguiendo la traducción griega que siempre habían utilizado los cristianos desde el tiempo apostólico.  Confirmó así la fe cristiana de siempre y dijo que los libros deuterocanónicos deben ser tratados "con igual devoción y reverencia". El Catecismo de la Iglesia Católica reafirma la lista completa de los Libros Sagrados, incluyendo los deuterocanónicos.

Esta enseñanza del Concilio de Trento fue ratificada por el Concilio Vaticano I y por el Concilio Vaticano II  (Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Sagrada Escritura).

La Biblia es un regalo del Señor presentado como obra terminada a través de un largo proceso culminado por el Espíritu Santo en la Iglesia Católica por cuya autoridad se establece el canon definitivo. 

jueves, 14 de marzo de 2019

EL HOMBRE EN BUSCA DE DIOS

EL HOMBRE EN BUSCA DE DIOS 
La respuesta del cristianismo y de las grandes religiones mundiales 

Jutta Burggraf

I. ¿EL HOMBRE BUSCA A DIOS?
 Al escuchar el título, lo primero en que pensamos es en algunos grandes personajes de la humanidad, que han buscado a Dios durante toda su vida, como San Agustín: le ha buscado en la naturaleza, en los libros, en la enseñanza de grandes maestros, y al final le ha encontrado. se nos viene a la mente su famosa frase: “Nos creaste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti.” Sin embargo, parece que hoy en día somos muy diferentes: no tenemos estas inquietudes. Muchas personas excluyen de su vida toda referencia a la religión. En principio, no tienen mucho en contra, pero el tema de Dios sencillamente no les interesa. No se trata de un rechazo muy consciente, sino de una cierta insensibilidad hacia la cuestión religiosa. No pocas personas parecen carecer de la “inquietud del corazón”. Parecen hasta “alegres” en su nihilismo cotidiano, que no se preocupa del porqué de la vida, y no se hace la pregunta elemental por el sentido de la existencia. Esto, de alguna manera, se puede entender. Nuestra vida se ha convertido, en muchos sentidos, en un ajetreo continuo. Muchas personas sufren del estrés o de un cansancio crónico. La dureza de la vida profesional, y también las exigencias exageradas de la industria del ocio, traen consigo obligaciones excesivas, así que, en muchas ocasiones, lo único que deseamos por la noche es descansar, distraerse de los problemas cotidianos, y no esforzarse en lo más mínimo: no podemos pensar en las grandes cuestiones de la vida, porque tenemos mucho que hacer. En nuestra sociedad de bienestar tan saciada, con frecuencia, no conseguimos detenernos a reflexionar. Sin embargo, somos personas humanas, inteligentes y libres. De vez en cuando, tal vez suframos lo que podríamos llamar un “ataque filosófico”: llegará entonces el momento de preguntarnos: ¿por qué estoy aquí, en el mundo? ¿Qué sentido tiene la vida, mi vida? ¿Por qué me levanto todas las mañanas y me esfuerzo, si al final 2 me espera el cementerio? ¿O hay realmente algo más? Alguna tendencia hacia Dios está inscrita en el corazón del hombre. Todos tenemos de vez en cuando (o, al menos, una vez en la vida, o unas veces en la vida) "momentos sinceros" en los que nos damos cuenta de ello. Es el ansia hacia lo infinito, hacia alguien que nos comprende completamente, el anhelo de seguridad, de protección, de un sentido completo de la existencia. Muchas personas viven la experiencia, que ni el amor humano más bello y profundo nos satisface completamente. Un camino hacia Dios parte de la soledad radical del ser humano. Cada hombre nota de vez en cuando, que incluso sus mejores amigos, incluso los cónyuges, las personas más confiadas, no le comprenden completamente. Se siente sólo, en lo más profundo de su ser. A veces, caemos en la conciencia que nosotros mismos somos responsables de nuestra vida. Nosotros mismos tenemos que tomar las decisiones y llevar las consecuencias. Y algún día tendremos que dar cuenta de lo que hemos hecho. Experimentamos la soledad en distintos niveles. Algunos no quieren verla y huyen hacia el activismo en el que se refugian; otros sufren hasta tener depresiones. Parece que la soledad es, hoy en día, una de las causas más corrientes, por las que muchas personas buscan a Dios: es el ansia de ser comprendido, de ser aceptado completamente. Esto no quiere decir, que Dios sea una droga inventada por el hombre. Todo lo contrario, la naturaleza humana está hecha de tal manera, que sin Dios hay mucho sufrimiento. "Toda la existencia humana es un grito hacia el Tú," hacia Ti, Señor. (J. Ratzinger) El hombre necesita un punto de apoyo, una última protección. Consciente o inconscientemente, tiene ansia de Dios. Es un "ser religioso". Esto se puede ver incluso en algunas personas famosas que negaban a Dios. El filósofo Nietzsche, p. ej., que no sólo se llamaba "ateo", sino "anti-teo", hizo al final de su vida un impresionante poema sobre el "Dios desconocido": “¡Vuelve a mí con todos tus mártires! ¡Vuelve a mí, 3 al último solitario! Mis lágrimas, a torrentes discurren en cauce hacia ti, y encienden en mí el fuego de mi corazón por ti. Oh, ¡vuelve, mi Dios desconocido, Mi dolor, mi última suerte, mi felicidad!” Todos buscamos amor y felicidad; queremos encontrar un sentido completo a nuestra existencia. Leo Tolstoi cuenta, en su libro Mi confesión, la historia de un señor de mediana edad. Algún día cae en sus manos un libro; lo abre, y lee un cuento oriental -el Cuento del pozo-, que le impresiona: un hombre es perseguido por una fiera, para salvarse, salta en un pozo que no tiene agua. en el fondo del pozo, hay un dragón que abre su gran boca para devorarle. en el último momento, el hombre coge una rama de un matorral, que está colgado por allí. Entonces, su situación es la siguiente: arriba, el león; abajo, el dragón con la boca abierta; él mismo colgando en una rama. en este momento, aparecen dos ratoncitos que roen la rama. Es una cuestión de tiempo que ésta se rompa y el hombre se cae en la boca del dragón. Tolstoi reflexiona sobre este cuento: así se siente el hombre con respecto al tiempo. El león que le persigue y se lo come todo, es el pasado. No hay posibilidad para huir: al final, nos espera la muerte que pronto vendrá; los ratoncitos ya están mordiscando la rama... Es la visión atea del mundo, triste y sin esperanza última. Al final, Tolstoi cuenta que, después de leer aquel cuento, el señor ya no quiere seguir viviendo como vivía antes. Se convierte a la fe cristiana, que nos dice: al final no nos espera un dragón, sino Dios, nos espera una vida de amor y felicidad. Las religiones han dado siempre respuestas a las grandes cuestiones de los hombres: ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué estoy aquí en la tierra¿ ¿Cuál es el sentido de todo esto?... 
4 II. RESPUESTA DE LAS RELIGIONES
Podemos distinguir cinco religiones universales: el budismo, el hinduismo, y las tres religiones monoteístas, que son el islam, el judaísmo y el cristianismo. Budismo: no se relaciona expresamente con ningún Dios. Por esto, está más lejos del cristianismo que cualquier otra religión. Su fundador es Buda, un príncipe indio del siglo VII antes de Cristo, llamado originariamente Sidshartha Gautama Su vida se confunde con la leyenda. Se cuenta que, un cierto día, salió de los jardines de su palacio, encaminándose a pueblos pequeños cercanos, llenos de miseria. Se tropezó con tres manifestaciones del dolor humano: un anciano, un enfermo y un cadáver. A la vista del sufrimiento, se dio cuenta de que los placeres no son duraderos; no quiso seguir viviendo en lujo y, a la edad de 29 años, decidió cambiar de vida. Se despidió de su mujer y de su hijo pequeño, y se fue de su palacio, sin nada, llevando un sayal sencillo. Caminaba por bosques, campos y pueblos para conocer el mal y combatirlo. Llevaba una vida de meditación y de renuncia severa; no se quedaba en ninguna casa. De este modo, se conocía cada vez mejor a sí mismo. Se daba cuenta, poco a poco, de su propia maldad, de su impureza: había sido egoísta, orgulloso, injusto. en definitiva, había tenido un corazón duro. Descubría que el mal en el mundo exterior proviene del mal en el interior del hombre, de la dureza de su corazón. Sidshartha hacía mucha penitencia para limpiarse del mal. Casi no comía, ni dormía… Después de seis años, estaba débil, cansado, flojo. La gente decía: “Es como un esqueleto.” Y entonces, a los 35 años, tuvo una iluminación: esta es el “budismo”. Es decir, el joven príncipe no nació como un Buda, sino se hizo “Buda” (un “iluminado”, un “perfecto”), con muchos esfuerzos y con penitencias rigurosas. Fue, ciertamente, un hombre extraordinario. A partir de entonces, enseñó a los hombres un camino para hacerse perfectos. Predicaba que todos los hombres pueden ser “budas”, si viven de un modo severo, si hacen penitencia, ayunos, vigilias, si luchan contra el mal en el propio corazón.

5 Buda tenía muchos discípulos. Cuando murió, a los 80 años, sus discípulos difundían sus enseñanzas, y la difunden hasta hoy. El budismo no es una religión en sentido estricto, ya que no habla de Dios. (Buda recomienda el silencio con respecto a la divinidad.) Se trata más bien de un sistema filosófico y moral. Pero como el budismo pretende responder a las últimas cuestiones existenciales del hombre, se lo cuenta entre las “religiones”. El sentido último de la vida consistiría en extinguir el mal (que está en mí), purificarme completamente hasta disolverme en la Nada (en el Nirvana). Si, a la hora de la muerte, un hombre no está completamente limpio, debe volver a la tierra y comenzar el proceso de nuevo (reencarnación como castigo). Como el budismo no habla explícitamente de Dios, está más lejos del cristianismo que cualquier otra religión. Hinduismo: es una religión politeísta. Según algunos escritores hay 330 millones de dioses en el hinduismo. Cada hindú tiene los suyos. Se divinizan las plantas, los animales, las estrellas y muchos fenómenos naturales. Procede de una tradición antiquísima, 5.000 a.C.; sin fundador, sin doctrina clara, que contiene las creencias de muchos pueblos y generaciones. Es como una colección de las religiones asiáticas. Detrás de todos los dioses hay una fuerza impersonal, grandiosa. Es “lo divino” (algunos lo llaman “lo absoluto” o “Brahmán”), la meta última de cada hombre. Algunos afirman la existencia de un único Dios, Brahmán o Absoluto. De ahí el nombre Brahmanismo, con que a veces se designa. Parece que no se trata de un monoteísmo, sino más bien de un panteísmo. Brahmán, lo absoluto y lo divino son lo mismo.) Otros creen que su dios -un ser superior, no personal- se manifiesta como Brahmán (creador del universo y de los creyentes), Visnú (conservador de la vida) o Shiva, destructor de lo viejo, y engendrador de nueva vida. Cada grupo tiene sus propias divinidades, que son manifestaciones de Dios. La autoridad última para cada hindú es el libro religioso llamado las Vedas. Este libro –considerado santo– ha sido escrito unos 2.000 años antes de Cristo. No contiene un “Símbolo de la fe”, sino que muestra cómo organizar la sociedad y cómo hay que vivir. Enseña el camino hacia la perfección, que es un camino de meditación, de sacrificio y de castas. 6 Hay, pues, completa libertad con respecto a la doctrina. Lo importante es el actuar. Un hindú busca a Dios, sobre todo, mediante la meditación y el estudio (concentración, autocontrol). Se alcanza el fin de la vida, cuando se toma conciencia de que “Yo soy lo divino; lo divino es lo mismo que yo.” Todo lo demás (lo que existe alrededor mío) me aparta de lo divino; por esto es malo. Por tanto, un hindú debe manifestar cierta indiferencia ante las cosas de este mundo y limpiarse profundamente. Mientras el hombre no llegue a esta convicción profunda, según la cual él mismo es lo divino (y se comporte de un modo perfecto), está condenado a renacimientos cíclicos. Sólo puede liberarse de este retorno continuo, si se identifica con lo divino. Se trata de un sistema de autorredención. Según el Papa Pablo VI, tanto el budismo como el hinduismo (y todas las antiguas religiones menos extendidas) son como “brazos lanzados al cielo”, brazos que expresan las ansias de Dios en el mundo de hoy. Y nosotros queremos rezar: “Señor, coge estos brazos.” Las 3 religiones monoteístas son distintas. Recurriendo a la imagen anterior, podemos decir que no se trata de hombres que lanzan sus brazos al cielo. Es Dios, quien “da la mano”. Se fundamentan en la revelación divina que “viene de arriba”: Dios se da a conocer: abre su interior. La revelación se contiene en la Sagrada Escritura, en concreto, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Según su aceptación, se pueden distinguir las 3 religiones. Los judíos se basan en el AT. Están más cercanos a nosotros. Son nuestros “hermanos mayores”. Nuestras raíces están en la Antigua Alianza; el cristianismo, en cambio, es el fruto del judaísmo. Los musulmanes, en cambio, admiten partes del AT y partes del NT. Su nueva síntesis difiere mucho de la fe cristiana. El fundador de esta religión, Mahoma, nació en el siglo VI (570) d. C., en La Meca (península de Arabia). Se sentía llamado a corregir el judaísmo y el cristianismo. Trató de purificar estas dos religiones, y de unirlas en una tercera, que es el islam. (“Islam” significa sumisión, entrega. Se trata se someterse a la voluntad de Alá.) Según la interpretación oficial islámica, Mahoma es el profeta más importante de Alá. Recibió mensajes del arcángel San Gabriel, que le dictó el Corán. 7 
III. ¿QUÉ ES LO ESPECÍFICO CRISTIANO?
 Veremos tres verdades básicas. 1. El misterio de la Trinidad El Dios de los cristianos es el Dios del Amor, porque no sólo es Uno; a la vez es Trino. Un Dios “unipersonal” no puede ser Amor. Un único Dios, que se conoce y se ama a sí mismo (desde toda la eternidad), es, en el fondo, un ser inquietante. Amar consiste en relacionarse con un tú, en dar y recibir. Si solo hay uno, ¿a quién puede amar? (El mundo no existe desde siempre.) 2. El misterio de la Encarnación El Dios de los cristianos no es un Dios lejano. Es un Dios que se acerca al hombre, que se ha hecho Hombre para redimirnos. Dios ama a cada uno personalmente; ha venido al mundo y ha muerto para cada uno, como si fuera su único hijo. No hace falta un esfuerzo (desesperado) para autorredimirnos: Dios nos ha liberado, ha hecho el “trabajo” por nosotros. A nosotros nos corresponde abrir el corazón a su amor, recibir su gracia, dejarnos amar. 3. El misterio de la Eucaristía Dios no sólo quiere venir al mundo, sino al corazón de cada hombre: quiere tocarnos con su gracia. Incluso podemos recibirle en la Eucaristía, que significa la máxima intimidad que podemos tener con Dios en esta vida. El Dios de los cristianos es un Dios, que libera al hombre y le ofrece una profunda amistad: entra en el corazón del hombre; habita allí, lo transforma. Lo específico cristiano se resume pues, en tres realidades profundas: la Santísima Trinidad, la Encarnación y la Eucaristía. Estos tres misterios nos dicen que Dios es Amor. Es Amor que baja del cielo y se concentra en la Eucaristía. Esto, que no se puede decir de ningún “ser absoluto” de las otras religiones, nos proporciona una gran felicidad, también en la tierra. Por ello, se dice que un 8 cristiano auténtico no es, en primer lugar, una persona piadosa, sino una persona feliz. Por tanto, sería un gran retroceso (para un cristiano), rechazar este Dios y adherirse a Buda o Brahman o Alá. 

LOS PARADIGMAS SEGUN THOMAS KUHN


Los paradigmas según Thomas Kuhn



Dibujo20160123 book cover la estructura de las revoluciones cientificas thomas khun
“Llamo ‘paradigmas’ [a] realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, propor­cionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica. [En] este ensayo, ‘ciencia normal’ significa inves­tigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pasadas, realizaciones que al­guna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior. En la actualidad, esas realizaciones son relatadas, aunque raramente en su forma original, por los libros de texto científicos, tanto elementales como avanzados”.
Los paradigmas atraen “a un grupo duradero de partidarios, alejándolos de los aspectos de competencia de la actividad científica”. Además, son “lo bastante incompletos [como] para dejar muchos problemas para ser resueltos por [dicho] grupo de científicos. [El] estudio de los paradigmas es lo que prepara principalmente al estudiante para entrar a formar parte como miembro de la comunidad científica particular con la que trabajará más tarde”.
Hoy en día muchos filósofos de la ciencia llaman paradigma científico a una versión revisada del paradigma kuhniano original, pero creo que no le viene mal a los jóvenes científicos y a los aficionados a la divulgación leer (o releer) la propuesta original de Thomas S. Kuhn en “La estructura de las revoluciones científicas”, Breviarios, Fondo de Cultura Económica, México (1971) [319 pp.], traducción de “The structure of scientifíc revolutions,” University of Chicago Press (1962). Se han escrito muchas críticas a este trabajo de Kuhn, incluidas autocríticas, pero no puedo dejar de recomendarlo.
Yo leí a Kuhn por primera vez siendo joven y lo he releído de nuevo con los debates sobre la teoría de cuerdas en mente. Espero que estos extractos de su libro sobre el concepto de paradigma kuhniano sirvan para motivar su lectura entre los jóvenes aspirantes a científicos.
Dibujo20160123 Thomas-Kuhn
“La investigación efectiva apenas comienza antes de que una comunidad científica crea haber encontrado respuestas firmes a preguntas tales como las siguientes: ¿Cuáles son las entidades fundamentales de que se compone el Universo? ¿Cómo ínteractúan esas entidades, unas con otras y con los sentidos? ¿Qué preguntas pueden plantearse legítimamente sobre esas entidades y qué técnicas pueden emplearse para buscar las soluciones? Al menos en las ciencias maduras, las respuestas a preguntas como ésas se encuentran enclavadas firmemente en la iniciación educativa que prepara y da licencia a los estudiantes para la práctica profesional. Debido a que esta educación es tanto rigurosa como rígida, esas respuestas llegan a ejercer una influencia profunda sobre la mentalidad científica”.
“Los paradigmas obtienen su status como tales, debido a que tienen más éxito que sus competidores para resolver unos cuantos problemas que el grupo de profesionales ha llegado a reconocer como agudos. Sin embargo, el tener más éxito no quiere decir que tenga un éxito completo. [El] éxito de un paradigma es [una] promesa de éxito discernible en ejemplos seleccionados y todavía incompletos. La ciencia normal consiste en la realización de esa promesa, una realización lograda mediante la ampliación del conocimiento de aquellos hechos que el paradigma muestra como particularmente reveladores, aumentando la extensión del acoplamiento entre esos hechos y las predicciones del paradigma y por medio de la articulación ulterior del paradigma mismo. Pocas personas que no sean realmente practicantes de una ciencia madura llegan a comprender cuánto trabajo de limpieza de esta especie deja un paradigma para hacer, o cuán atrayente puede resultar la ejecución de dicho trabajo”.
“Estas tres clases de problemas —la determinación del hecho significativo, el acoplamiento de los hechos con la teoría y la articulación de la teoría— agotan, creo yo, la literatura de la ciencia normal, tanto empírica como teórica. Por supuesto, no agotan completamente toda la literatura de la ciencia. Hay también problemas extraordinarios y su resolución puede ser la que
hace que la empresa científica como un todo resulte tan particularmente valiosa. [Una] mayoría abrumadora de los problemas de que se ocupan incluso los mejores científicos, [caen] habitualmente dentro de una de las tres categorías que hemos mencionado. El trabajo bajo el paradigma no puede llevarse a cabo en ninguna otra forma y la deserción del paradigma significa dejar
de practicar la ciencia que se define”.
Dibujo20160122 paradigm shift thomas kuhn
“Una de las cosas que adquiere una comunidad científica con un paradigma, es un criterio para seleccionar problemas que, mientras se dé por sentado el paradigma, puede suponerse que tienen soluciones. Hasta un punto muy elevado, ésos son los únicos problemas que la comunidad admitirá como científicos o que animará a sus miembros a tratar de resolver. Otros problemas, incluyendo muchos que han sido corrientes con anterioridad, se rechazan como metafísicos, como correspondientes
a la competencia de otra disciplina o, a veces, como demasiado problemáticos para justificar el tiempo empleado en ellos. [Una] de las razones por las cuales la ciencia normal parece progresar tan rápidamente es que quienes la practican se concentran en problemas que sólo su propia falta de ingenio podría impedirles resolver”.
“Para que pueda clasificarse como enigma, un problema debe caracterizarse por tener más de una solución asegurada. Asimismo, debe haber reglas que limiten tanto la naturaleza de las soluciones aceptables como los pasos que es preciso dar para obtenerlas. [Las] revoluciones científicas se inician con un sentimiento creciente de que un paradigma existente ha dejado de funcionar adecuadamente en la exploración de un aspecto de la naturaleza hacia el cual, el mismo paradigma había previamente mostrado el camino. Las revoluciones científicas sólo necesitan parecerles revolucionarias a aquellos cuyos paradigmas sean afectados por ellas. Para los observadores exteriores pueden parecer partes normales del proceso de desarrollo”.
“El papel desempeñado por un paradigma [es] decir a los científicos qué entidades contiene y no contiene la naturaleza y cómo se comportan esas entidades. Esta información proporciona un mapa cuyos detalles son elucidados por medio de las investigaciones científicas avanzadas. [A] través de las teorías que engloban, los paradigmas resultan esenciales para las actividades de investigación. [Los] paradigmas no sólo proporcionan a los científicos mapas sino también algunas de las indicaciones principales para el establecimiento de mapas”.
“[La] elección entre paradigmas en competencia plantea regularmente preguntas que no pueden ser contestadas por los criterios de la ciencia normal. Por ejemplo, puesto que ningún paradigma resuelve todos los problemas que define y puesto que no hay dos paradigmas que dejen sin resolver los mismos problemas, los debates paradigmáticos involucran siempre la pregunta: ¿Qué
problema es más significativo resolver? [Debe] haber un conflicto entre el paradigma que descubre una anomalía y el que, más tarde, hace que la anomalía resulte normal dentro de nuevas reglas”.

Multiple exposure portrait of historian Thomas Kuhn of Princeton University, an exponent of scientific paradigms.  (Photo by Bill Pierce//Time Life Pictures/Getty Images)
Photo by Bill Pierce. Time Life Pictures/Getty Images.

“Tanto los científicos como los profanos toman gran parte de la imagen que tienen de las actividades científicas creadoras, de una fuente de autoridad que disimula sistemáticamente la existencia y la significación de las revoluciones científicas. [Como] fuente de autoridad, acuden a mi imaginación, sobre todo, los libros de texto científicos junto con las divulgaciones y las obras filosóficas moldeadas sobre ellos. Los libros de texto mismos tienen como meta el comunicar el vocabulario y la sintaxis de un lenguaje científico contemporáneo. Las obras de divulgación tratan de describir las mismas aplicaciones, en un lenguaje que se acerca más al de la vida cotidiana. Y la filosofía de la ciencia analiza la estructura lógica del mismo cuerpo de conocimientos científicos, íntegro. Las tres registran los resultados estables de revoluciones pasadas y muestran las bases de la tradición corriente de la ciencia normal”.
“Los libros de texto son vehículos pedagógicos para la perpetuación de la ciencia normal, siempre que cambien el lenguaje, la estructura de problemas o las normas de la ciencia normal, tienen, íntegramente o en parte, que volver a escribirse. En resumen, deben volverse a escribir inmediatamente después de cada revolución científica y, una vez escritos de nuevo, inevitablemente disimulan no sólo el papel desempeñado sino también la existencia misma de las revoluciones que los produjeron. [Es] característico que los libros de texto de ciencia contengan sólo un poco de historia, ya sea en un capítulo de introducción o, con
mayor frecuencia, en dispersas referencias a los grandes héroes de una época anterior. Por medio de esas referencias, tanto los estudiantes como los profesionales llegan a sentirse participantes de una extensa tradición histórica”.
“Los científicos de épocas anteriores son representados implícitamente como si hubieran trabajado sobre el mismo conjunto de problemas fijos y de acuerdo con el mismo conjunto de cánones fijos que la revolución más reciente en teoría y metodología científicos haya hecho presentar como científicos. No es extraño que tanto los libros de texto como la tradición histórica que implican, tengan que volver a escribirse inmediatamente después de cada revolución científica. Y no es extraño que, al volver a escribirse, la ciencia aparezca, una vez más, en gran parte como acumulativa. [Los] científicos se sienten más tentados a volver a escribir la historia, [en] parte, debido a que, excepto durante las crisis y las revoluciones, la posición contemporánea de los científicos parece ser muy segura. […] ¿Por qué honrar lo que los mejores y más persistentes esfuerzos de la ciencia han hecho posible descartar?”
Os dejo con esta pregunta retórica de Kuhn y os animo a seguir leyendo su obra de primera mano.




jueves, 24 de enero de 2019

¿QUE ES UN ENSAYO?


                                                           EL ENSAYO

¿Qué es? Un ensayo es un tipo de escritura que expone una serie de argumentos y reflexiones sobre un tema concreto de gran interés para el autor. 
¿Por qué es importante? Le permite al que escribe manifestar sus ideas y opiniones sin tener que preocuparse por utilizar una estructura rígida predefinida ni tener que documentar exhaustivamente lo que cuenta.
Los ensayos pueden ser argumentativos, críticos o expositivos, se sugiere el primer concepto a efectos de hacer un mejor seguimiento.
 Hay una serie de pasos antes de iniciar un ensayo. Son los siguientes:

1.   Lo primero es tener muy claro el tema que queremos exponer.
2.   Apunta todas las ideas que vas a utilizar en tu ensayo
3.   ​Criba: Lee las ideas que anotaste y reflexiona sobre ellas, porque no todas tienen la misma importancia.
4.   Conocimiento. De todas las apuntadas ¿sobre cuál dirías que tienes un mayor conocimiento e información?
5.   Investigación. Es pieza clave en tu ensayo
6.   A partir de este momento se puede empezar a escribir tu ensayo.

La forma de escribir.  En un ensayo argumentativo se expondrá una tesis en la introducción que trataremos de defender a lo largo de todo el desarrollo con opciones objetivas y subjetivas.

Se debe exponer el tema de una forma que se consiga captar la atención del lector y éste sienta ganas de seguir leyéndote hasta el final. En esta primera parte deberás mostrar no solo el tema, sino también tu postura sobre el mismo.

Una vez has captada la atención del lector con una idea de interés, el siguiente paso será argumentar y plantear determinadas cuestiones relacionadas, basándote en otras fuentes que pueden ser: libros, revistas, entrevistas, medios digitales.

En el caso del ensayo argumentativo, tocará en el desarrollo, defender la tesis inicial basándonos en nuestras opiniones y experiencias, así como en otras afines, desmontando argumentos contrarios.

La última parte es una conclusión breve.





EJEMPLO DE ENSAYO

El genio es excelente por su moral, o no es genio. Pero su moralidad no puede medirse con preceptos corrientes en los catecismos; nadie mediría la altura del Himalaya con cintas métricas de bolsillo. La conducta del genio es inflexible respecto de sus ideales. Si busca la Verdad, todo lo sacrifica a ella. Si la Belleza, nada le desvía. Si el Bien, va recto y seguro por sobre todas las tentaciones. Y si es un genio universal, poliédrico, lo verdadero, lo bello y lo bueno se unifican en su ética ejemplar, que es un culto simultáneo por todas las excelencias, por todas las idealidades. Como fue en Leonardo y en Goethe.
Por eso es raro. Excluye toda inconsecuencia respecto del ideal: la moralidad para consigo mismo es la negación del genio. Por ella se descubren los desequilibrados, los exitistas y los simuladores. El genio ignora las artes del escalamiento y las industrias de la prosperidad material. En la ciencia busca la verdad, tal como la concibe; ese afán le basta para vivir. Nunca tiene alma de funcionario. Sobrelleva, sin vender sus libros a los Gobiernos, sin vivir de favores ni de prebendas, ignorando esa técnica de los falsos genios oficiales que simulan el mérito para medrar a la sombra del Estado. Vive como es, buscando la Verdad y decidido a no torcer un milésimo de ella. El que pueda domesticar sus convicciones no es, no puede ser, nunca, absolutamente, un hombre genial.
Ni lo es tampoco el que concibe un bien y no lo practica. Sin unidad moral no hay genio. El que predica la verdad y transige con la mentira, el que predica la justicia y no es justo, el que predica la piedad y es cruel, el que predica la lealtad y traiciona, el que predica el patriotismo y lo explota, el que predica el carácter y es servil, el que predica la dignidad y se arrastra, todo el que usa dobleces, intrigas, humillaciones, esos mil instrumentos incompatibles con la visión de un ideal, ése no es genio, está fuera de la santidad: su voz se apaga sin eco, no repercute en el tiempo, como si resonara en el vacío.
El portador de un ideal va por caminos rectos, sin reparar que sean ásperos y abruptos. No transige nunca movido por vil interés; repudia el mal cuando concibe el bien; ignora la duplicidad; ama en la Patria a todos sus conciudadanos y siente vibrar en la propia el alma de toda la Humanidad; tiene sinceridades que dan escalofríos a los hipócritas de su tiempo y dice la verdad en tal personal estilo que sólo puede ser palabra suya; tolera en los demás errores sinceros, recordando los propios; se encrespa ante las bajezas, pronunciando palabras que tienen ritmos de apocalipsis y eficacia de catapulta; cree en sí mismo y en sus ideales, sin pactar con los prejuicios y los dogmas de cuántos le acosan con furor, de todos los costados. Tal es la culminante moralidad del genio. Cultiva en grado sumo las más altas virtudes, sin preocuparse de carpir en la selva magnífica las malezas que concentran la preocupación de los espíritus vulgares.
Los genios amplían su sensibilidad en la proporción que elevan su inteligencia; pueden subordinar los pequeños sentimientos a los grandes, los cercanos a los remotos, los concretos a los abstractos. Entonces los hombres de miras estrechas los suponen desamorizados, apáticos, escépticos. Y se equivocan. Sienten, mejor que todos, lo humano. El mediocre limita su horizonte afectivo a sí mismo, a su familia, a su camarilla, a su facción; pero no sabe extenderlo hasta la Verdad o la Humanidad, que sólo pueden apasionar al genio. Muchos hombres darían su vida por defender a su secta; son raros los que se han inmolado conscientemente por una doctrina o por un ideal.
La fe es la fuerza del genio. Para imantar a una era necesita amar su Ideal y transformarlo en pasión; “Golpea tu corazón, que en él está tu genio”, escribió Stuart Mill, antes que Nietzsche. La intensa cultura no entibia a los visionarios: su vida entera es una fe en acción. Saben que los caminos más escarpados llevan más alto. Nada emprenden que no estén decididos a concluir. Las resistencias son espolazos que los incitan a perseverar; aunque nubarrones de escepticismo ensombrezcan su cielo, son, en definitiva, optimistas y creyentes: cuando sonríen, fácilmente se adivina el ascua crepitante bajo su ironía. Mientras el hombre sin ideales ríndese en la primera escaramuza, el genio se apodera del obstáculo, lo provoca, lo cultiva, como si en él pusiera su orgullo y su gloria: con igual vehemencia la llama acosa al objeto que la obstruye, hasta encenderlo, para agrandarse a sí misma.
La fe es la antítesis del fanatismo. La firmeza del genio es una suprema dignidad del propio Ideal; la falta de creencias sólidamente cimentadas convierte al mediocre en fanático. La fe se confirma en el choque con las opiniones contrarias; el fanatismo teme vacilar ante ellas e intenta ahogarlas. Mientras agonizan sus viejas creencias, Saúl persigue a los cristianos, con saña proporcionada a su fanatismo; pero cuando el nuevo credo se afirma en Pablo, la fe le alienta, infinita: enseña y no persigue, predica y no amordaza. Muere él por su fe, pero no mata; fanático, habría vivido para matar. La fe es tolerante: respeta las creencias propias en las ajenas. Es simple confianza en un Ideal y en la suficiencia de las propias fuerzas; los hombres de genio se mantienen creyentes y firmes en sus doctrinas, mejor que si éstas fueran dogmas o mandamientos. Permanecen libres de las supersticiones vulgares y con frecuencia las combaten: por eso los fanáticos les suponen incrédulos, confundiendo su horror a la común mentira con falta de entusiasmo por el propio Ideal. Todas las religiones reveladas pueden permanecer ajenas a la fe del hombre virtuoso. Nada hay más extraño a la fe que el fanatismo. La fe es de visionarios y el fanatismo de siervos. La fe es llama que enciende y el fanatismo es ceniza que apaga. La fe es una dignidad y el fanatismo es un renunciamiento. La fe es una afirmación individual de alguna verdad propia y el fanatismo es una conjura de huestes para ahogar la verdad de los demás.
Frente a la domesticación del carácter que rebaja el nivel moral de las sociedades contemporáneas, todo homenaje a los hombres de genio que impendieron su vida por la Libertad y por la Ciencia, es un acto de fe en su Porvenir: sólo en ellos pueden tomarse ejemplos morales que contribuyan al perfeccionamiento de la Humanidad. Cuando alguna generación siente un hartazgo de chatura, de doblez, de servilismo, tiene que buscar en los genios de su raza los símbolos de pensamiento y de acción que la templen para nuevos esfuerzos.
Todo hombre de genio es la personificación suprema de un Ideal. Contra la mediocridad, que asedia a los espíritus originales, conviene fomentar su culto; robustece las alas nacientes. Los más altos destinos se templan en la fragua de la admiración. Poner la propia fe en algún ensueño, apasionadamente, con la irás honda emoción, es ascender hacia las cumbres donde aletea la gloria. Enseñando a admirar el genio, la santidad y el heroísmo, prepáranse climas propios a su advenimiento.
Los ídolos de cien fanatismos han muerto en el curso de los siglos, y fuerza es que mueran otros venideros, implacablemente segados por el tiempo.
Hay algo humano, más duradero que la supersticiosa fantasmagoria de lo divino: el ejemplo de las altas virtudes. Los santos de la moral idealista no hacen milagros: realizan magnas obras, conciben supremas bellezas, investigan profundas verdades. Mientras existan corazones que alienten un afán de perfección, serán conmovidos por todo lo que revela fe en un Ideal: por el canto de los poetas, por el gesto de los héroes, por la virtud de los santos, por la doctrina de los sabios, por la filosofía de los pensadores.

Diferencia entre el alma y el espíritu del hombre

ARTICULO QUE BUSCA EXPLICAR LA DIFERENCIA ENTRE ALMA Y ESPÍRITU DEL HOMBRE A TRAVÉS DEL SUSTENTO BÍBLICO.   El alma y el espíritu ...